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Esta diáfana mañana, me ha sorprendido con una zunga bajo el poncho:
Resulta que vuelvo yo del depósito para parvulos, me dispongo bien predispuesta a openear mis correos electrónicos y me encuentro conquedeenderrepente tengo 496 mensajes sin leer.
Ahí nomas, cazo un miniplug cualquiera, lo apunto directamente hacia la yugular que anida en mi cuello de garza y en voz baja, me autoamenazo de la siguiente manera: "Eliminá todo esto punk! Eliminalo YA o sos boleto capicúa!"
Amedrentada, comienzo a obedecerme, sumisa, como un incienso.
Pero el destino, entra en escena y no conforme con haberle defecado la vida al rey Edipo, hace que una chispa de rebeldía protopunkyana salte justito sobre mi ojo derecho y con el izquierdo (antes de salir corriendo a la guardia del Hospital Lagleyze) alcanzo a observar que todos y cada uno de los correos que YA estoy borrando, provienen del mismo remitente; y no sólo eso, además, todos y cada uno de ellos poseen un único e idéntico asunto (elevado a la cuatrocientos noventa y sexta potencia):
"POR FAVOR MAMÁ PUNK AYUDAME!"
So mientras pienso muy para mis adentros ("¿Quién será el loquito ansiolítico qué me mandó esto?") abro uno al azar y miren con lo que me encuentro:
"Querida Mamá Punk:
Mi nombre es Anselmo y estoy, hace 13 meses, de novio con un señor mayor llamado Alejo.
El problema es que Alejo ya no me mueve un pelo y quiero abandonarlo pero sin herir sus sentimientos.
¿Qué me recomendás que haga?
Afectuosamente. Anselmo."
...
MAMÁ PUNK Al Servicio De La Comunidad responde en forma efectiva, al instante:
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Anselmino: Lo mejor en estos casos es utilizar poesía buena y clara:
"Alejo hoy te dejo
tal vez te sientas perplejo
y frunzas tu entrecejo
mientras te pones bermejo.
Pero no es tan complejo
¿Viste tu reflejo en el espejo?
Vos te estás poniendo añejo
y yo todavía soy pendejo.
Te desejo lo mejo."
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